En los cinco años que llevamos al frente del blog contando nuestras aventuras, muchas cosas han cambiado en este tiempo. Pero sin duda, lo que más ha cambiado es que hemos dejado de viajar en pareja para viajar con un bebé. Ya nuestros viajes no son iguales. Y seguro que en ahora en adelante también serán distintos a los dos últimos años.

Hace tres días que Iris cumplió 2 años. ¡¡¡Felicidades princesa!!! Y aunque para nosotros sigue siendo nuestra pequeña bebé, esa fecha marca un antes y un después porque a partir de ahora, ya las aerolíneas la consideran una niña, con lo que paga un billete más caro (en algunos casos casi igual que el de los adultos o con muy poco descuento).

En sus dos primeros años de vida, hemos viajado con Iris tanto por España como fuera. En su curriculum viajero puede decir que ha pisado 6 países (sin contar el nuestro y sin contar dos países más de los que solo pisó su aeropuerto en una breve escala) de tres continentes. Ha estado en Budapest (Hungría), Praga (República Checa), Nueva York, Washington, Boston y Lancaster (Estados Unidos), Niagara Falls (Canadá), Osaka, Koyasan, Hiroshima, Miyajima, Kioto, Nara y Tokio (Japón), y Fráncfort y Heidelberg (Alemania).

En España ha podido conocer Trujillo y el Valle del Ambroz (Cáceres), Navalpino (Ciudad Real), Soria, Barcelona, Consuegra (Toledo), y Cullera, Peníscola, Sagunto, Oropesa, Altea y El Castell de Guadalest (Comunidad Valenciana).

Saltando delante del Capitolio

Saltando delante del Capitolio

¿Qué aprendimos al viajar con un bebé?

Los viajes ya no son iguales a los de antes. Bien es cierto que al viajar con un bebé el ritmo es mucho más pausado. Y esa es quizá la enseñanza más valiosa que hemos aprendido. Ya no importa tanto la cantidad de cosas que se ven, ir a un sitio y ver todo, todo, todo lo que ofrece, sino disfrutar del viaje en sí. Hemos aprendido a viajar con calma porque con bebés (o con niños) todo suele llevar más tiempo.

El ritmo lo marca el bebé: ya no vale madrugar y salir a recorrer mundo antes de que hayan puesto incluso las calles o volver al hotel cuando han cerrado ya todo. Los horarios cambian. Al igual que ya uno no puede decir como algo rápido y seguimos con la ruta marcada. Los tiempos de los bebés son distintos y hay que respetarlos. Aunque siempre decimos que los niños se adaptan bien a cualquier situación, es importante mantener en cierto modo sus rutinas, aunque no de manera tan estricta a como cuando estamos en casa. Y es que los mayores somos los primeros que tenemos rutinas distintas cuando trabajamos o cuando estamos de vacaciones.

Viajar con un bebé a Estados Unidos

Iris en su sillita infantil en Nueva York

Cuando se sale de viaje, lo único que necesita un bebé es a sus padres (sobre todo a su madre). Los mejores momentos de Iris son cuando está con nosotros: da igual que estemos en casa o estemos en la otra punta del mundo. No necesita más que nuestra compañía, y cuando estamos de viaje, está con nosotros las 24 horas del día, lo que no ocurre cuando estamos en casa que al trabajar, esas horas no las pasamos con ella, evidentemente.

¿Pero por qué te llevas al bebé de viaje?

Esa es una pregunta que nos han hecho muchas veces en estos dos años. A lo que siempre hemos contestado: ¿Y por qué no nos la vamos a llevar? A menudos nos dicen que es tan pequeña que no se va a enterar. Ahora no viajamos para que se entere. Ahora elegimos los destinos que nos apetecen a nosotros. Dentro de unos años será distinto y habrá que elegir teniendo en cuenta sus gustos e intereses.

Es pequeña y es probable que dentro de unos años no recuerde nada de este tiempo, de los viajes que hicimos con ella, pero tiene fotos y vídeos que podrá ver. Y a decir verdad, tampoco recordará muchas otras cosas de su día a día actual dentro de unos años, pero no por eso dejamos de hacer todo eso. ¿O acaso porque no se acordará después dejamos de celebrar su cumpleaños o dejamos de comprarle regalos para el día de Reyes?

Esperando a embarcar hacia Japón

Esperando a embarcar hacia Japón

Además, la llevamos con nosotros porque es nuestra hija y queremos hacerla partícipe de lo que a nosotros más gusta: viajar. No hacerlo nos parecería egoísta por nuestra parte.

También porque cuando estamos de vacaciones es cuando pasamos más tiempo con ella. Si cuando viajamos la dejáramos en Madrid, nos estaríamos privando de disfrutar de estos momentos con ella.

Pero, «¿y si se pone mala?». Es otra de las preguntas que nos hacen a menudo. ¿Acaso si nos quedamos en casa no se va a poner enferma? Nosotros siempre viajamos con seguro de viajes y médico (con el código de LOCOSXVIAJES, Intermundial te hace un 10% de descuento), así que en ese aspecto estamos tranquilos.

De momento nunca ha pasado nada (tocaremos madera), pero si pasara algo, actuaríamos como lo hacemos cuando estamos en casa: trataríamos de solventarlo con nuestro pequeño botiquín de primeros auxilios y si así no se pudiera solucionar, iríamos al médico.

Siendo tan pequeña no hemos ido a países donde no tengan sanidad. Hemos elegido el destino pensando en cuál sería el más adecuado si necesitáramos ayuda médica. No se nos habría ocurrido, por ejemplo, visitar Mali o Guinea Conakry. Siempre hemos escogido países de lo que se llama primer mundo para viajar con Iris.

Lo que teníamos claro desde antes de que naciera es que no íbamos a dejar de viajar por tener un hijo porque con bebés se puede viajar perfectamente.

¿Y qué ocurrirá a partir de ahora? Pues ahora que ya no es bebé, seguiremos viajando igualmente, porque con niños se puede viajar también, aunque nos saldrá algo más caro. 😉

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