En nuestro viaje a Japón, decidimos incluir en nuestra ruta Koyasan, aunque sin saber muy bien qué es lo que nos encontraríamos allí. Al contrario de las otras ciudades que visitaríamos que nos sonaban más, de esta tan sólo sabíamos que era el centro más importante del budismo shingon (una de las escuelas principales del budismo) en Japón, pero eso y no saber nada, era lo mismo. Así que llegamos a esta ciudad en la que hay un centenar de templos, la segunda que visitamos en nuestro viaje, un poco expectantes.

DÍA 3

Comenzamos como es habitual en nuestros viajes con un pequeño madrugón para coger el tren a Koyasan (Monte Koya). Para esta excursión, en la que haremos noche en el Monte Koya, solo llevamos una mochila pequeña con una muda para el día siguiente. Nuestras maletas se quedan en el hotel de Osaka porque al día siguiente regresaremos.

El tren a esta pequeña ciudad en la montaña se coge de la estación de Namba. La Japan Rail Pass no sirve para llegar hasta Koyasan, ni para los transportes allí. Nosotros compramos el Koyasan World Heritage Ticket, versión regular (en octubre de 2014 cuesta 2.860 yenes por persona), que es un ticket que se compra en la estación de Namba y que incluye un billete de ida y vuelta a Koyasan, pases para los autobuses de Koyasan y un 20% de descuento en las entradas a los monumentos de la ciudad. Hay una versión más cara de este ticket (3.400 yenes), que sirve para coger los trenes exprés.

El recorrido entre Osaka y Koyasan se realiza en casi dos horas. Primero cogemos un tren de la Nankai Koya Line hasta Gokurakubashi, aunque en Hashimoto tendremos que bajar para cambiar de tren. Finalmente en Gokurakubashi cogeremos el «Cable Car» o funicular hasta Koyasan. No hay que preocuparse por el horario del funicular, porque está coordinado con el tren.

En el funicular hacia Koyasan

En el funicular hacia Koyasan

A pesar del largo recorrido la verdad es que se pasa pronto. El paisaje es precioso, lleno de bosques con grandes árboles, con bambú, templos, casas… y te quedas ensimismado mirando por donde circula el tren. También nos sorprende lo limpísimos que están los trenes. No hay ni un papel ni una mota de polvo. Iris durante el trayecto en tren estuvo incluso tirándose por el suelo y su ropa permaneció limpia… ¡¡Igualito que el transporte de otras ciudades como Nueva York!!

A nuestra llegada a Koyasan cogemos el autobús número dos para dirigirnos a Okunoin, que era lo que estaba más alejado de nuestro alojamiento y del resto de sitios que visitaríamos. Okunoin es el templo donde el fundador del budismo Shingon, Kobo Daishi o también conocido como Kukai, descansa en eterna meditación. Está considerado uno de los espacios más sagrados de Japón. Lo más característico de Okunoin es que está rodeado de un inmenso cementerio, el más grande del país. Es uno de los lugares más sobrecogedores y donde más paz se respira de todo Koyasan.

Estatuas Ginzo

Estatuas Ginzo

Además del templo donde se supone que está Kobo Daishi, destaca una zona con estatuas Jizó, en la que los fieles vierten agua recogida del río como ofrenda a los difuntos, y también un pequeño edificio de madera que parece una cabina de teléfono y que tiene varios agujeros. Dentro de esta especie de cabina hay una roca y los peregrinos tratan de levantarla hasta una repisa. Al parecer (porque no lo probamos porque siempre había bastantes japoneses intentándolo), la piedra pesa más o menos en función de pecado de la persona que lo intenta.

Como no habíamos pasado aún por el alojamiento para registrarnos, decidimos coger el bus e ir hasta allí. El sitio elegido fue un monasterio budista, el Yochi-in. En esta zona es lo habitual. Es una experiencia distinta y fue lo que nos hizo decidir pasar la noche allí, porque la verdad es que es factible ver Koyasan en el día y volver a Osaka a dormir. La verdad es que fue caro y ahora visto desde la lejanía, no lo volvería a hacer porque no merece la pena el precio que se paga. Aunque bien es cierto que no todos los días uno puede dormir en un monasterio budista y asistir luego a una ceremonia.

Iris en Danjo Garan

Iris en Danjo Garan

Tras dejar nuestras mochilas y el carro de la peque (decidimos movernos por la zona solo con la mochila ergonómica de la bebé), fuimos a comer. El sitio elegido: uno de los establecimientos que se convirtieron en habituales en el viaje para hacer alguna de las comidas: un Family Mart. Es un pequeño supermercado en el que además, puedes comprar comida «take away» y te la calientan si quieres en un microhondas. Este además, tenía unas mesitas en la puerta, por lo que comimos allí mismo.

Después de la comida teníamos el tiempo justo hasta que cerraran los templos. En Koyasan cierran muy pronto: a partir de las 16.30 horas no suele haber ya nada que hacer. Algunos incluso cierran a las 16.00 horas.

Nuestra primera visita fue el Danjo Gara, el principal complejo de templos de Koyasan y también uno de los espacios más sagrados de la ciudad, y que está justo enfrente de nuestro alojamiento. Koyasan se fundó precisamente en este lugar en el siglo IX. Las construcciones más importantes son el Kondo (sala principal), el Dai-to (gran pagoda), el Sai-to (torre occidental), el Mie-do (Sala del Retrato) y otros cuantos edificios más. Este complejo solo lo visitamos por fuera y no entramos en ningún edificio.

 

Daito del Danjo-Gara

Daito del Danjo-Gara

A pocos pasos está nuestra siguiente visita: el templo de Kongobu-ji. Quedaba poco tiempo para entrar, pero aún así pasamos y pagamos la entrada para verlo por dentro. Es muy bonito por dentro y tuene un jardín zen, de los más grandes de este tipo en Japón.

Al salir fuimos andando a nuestra última visita del día y que no está sujeta a horario: la gran puerta Daimon. Aunque es lo último que visitamos es casi lo primero que se visitaría porque es la puerta principal de acceso a Koyasan. Nosotros nos la encontramos en obras y con unos andamios, pero no deja de impresionar por su altura: unos 25 metros.

Ya poco quedaba por hacer o ver en Koyasan a esas horas que eran más de las 17.00 horas. Como en el monasterio había un baño público (nuestra habitación no tenía baño propio), y el horario de uso era solo por la tarde hasta las 21.00 horas, decidimos regresar para darnos un bañito y probar la experiencia. Pero antes de eso, paramos a comprar algo para la cena en el Family Mart (que luego comeríamos en nuestra habitación) porque no la teníamos incluida en el Monasterio y porque había toque de queda y cierran las puertas a las 21.00 horas.

Templo Kongobu-ji en Koyasan

Templo Kongobu-ji

No sé si los bebés y niños pequeños pueden entrar en el baño público. La verdad es que no lo preguntamos y ese día prescindimos del baño de la peque. Así que nos turnamos Gus y yo para bajar al baño. Hay un baño para mujeres y otro para hombres, pero son iguales. Según entras tienes una zona donde puedes dejar tu ropa y a continuación tienes la zona en la que te enjabonas y te aclaras antes de entrar en la piscinita de agua caliente. Se supone que en la piscina te quedas un ratín para relajarte y luego tienes que salir para refrescarte. La verdad es que yo estuve poco rato en el baño, lo justo para enjabonarme, meter los pies en la piscina y poco más, porque de fondo oía como la peque lloraba y me llamaba… ¡!!Y es que allí se oía todo!!!

Como no había gran cosa que hacer, aquel día nos acostamos muy pronto… Es la primera vez en un viaje (bueno, y en nuestra vida diaria) que a las 20.00 horas ya estábamos durmiendo. Y también fue la primera vez que dormimos en futones, una experiencia que no nos gustó demasiado porque nos resultó un tanto incómodo.

El acostarnos pronto nos vino bien al día siguiente porque a las 6.00 horas era el momento de la oración en el monasterio y te permiten asistir. Así que nos levantamos, nos vestimos y bajamos a reunirnos con el resto de turistas que también asistían a la ceremonia con los monjes. En un silencio enorme, solo roto por los cánticos y oraciones de los monjes en su idioma fue transcurriendo la ceremonia. Nosotros no nos quedamos a verla entera porque Iris empezó a ponerse un poquito revoltosa y nos fuimos para no molestar. Pero es quizá la parte más interesante de dormir en un monasterio budista.

Okunoin

Okunoin

Recogimos nuestras cosas y decidimos ir a desayunar al Family Mart que abre las 24 horas antes de poner rumbo de vuelta a Osaka porque ya no había nada más que nos interesara visitar en Koyasan.

DIARIO  Fotos de Koyasan

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