Tras varios días en Egipto, llegamos a El Cairo donde tendremos la oportunidad de visitar las Pirámides de Gizeh y de entrar en una de ellas. También visitaremos otras pirámides menos famosas: Saqqara y Darshur, asi como ver lo que queda de la antigua capital faraónica de Menphis.

DIA 6

El día comenzó visitando la meseta de Gizeh donde están las arhiconocidas pirámides. Al llegar al lugar, nos recibe la impresionante pirámide de Keops. Y digo impresionante porque en verdad impresiona e impone porque ante tus ojos está lo que tantas veces has visto en libros o por la televisión. Y es mucho más grande de lo que hubieras imaginado. Tras ella, se vislumbra la pirámide de Kefrén. En cualquiera de ellas se puede entrar, pero en nuestro caso, en el precio de la excursión estaba incluida la entrada a Kefrén.

Aviso a navegantes: los que sufran de claustrofobia, mejor que no entren… Y los que sean muy aprensivos tampoco. Es que para llegar al interior de la pirámide, se accede por un pasillo de un metro por un metro de ancho. Si a eso se le suma que se entra en medio tinieblas, que hace un calor espantoso (bueno, más que calor, es bochorno), que se respira con dificultad, y que está lleno de gente, no es una experiencia recomendable en determinados casos.

De todos modos, si eres uno de los que no puede entrar, tampoco te preocupes mucho porque no te pierdes ¡nada! Y es que tras andar medio en cuclillas por ese angosto pasillo, llegas a una sala donde no hay NADA. Todos los tesoros que pudo albergar la pirámide ya no están. O bien porque fueron saqueados, o bien porque se encuentran en el Museo Egipcio de El Cairo o en cualquier otro museo del mundo. La cosa de entrar es más que nada por decir: Yo estuve dentro de una pirámide. Por cierto, al entrar te quitan la cámara. Y es que no se permite hacer fotos dentro.

Pirámide de Kefrén

Pirámide de Kefrén

Nada más salir de la pirámide disponíamos de un rato libre para hacer fotos. En esto que nos aborda un taxista para convencernos de que le cojamos para visitar El Cairo. Ante nuestra desconfianza (el guía bien supo hacer «muy bien» su trabajo y nos dijo que no nos fiáramos que nos podían engañar), nos enseña un cuadernillo en el que había muchísimas anotaciones. Nos preguntó que de dónde éramos y al decirles que españoles nos enseñó lo que tenía en el cuaderno escrito en español. Se trataba de recomendaciones de clientes que había tenido.

Finalmente nos convenció y decidimos que el resto del día haríamos las excursiones con él. No habíamos contratado ninguna excursión más con la agencia, así que disponíamos de tiempo libre para visitar El Cairo y alrededores por nuestra cuenta. Tras la ardua tarea del regateo conseguimos que nos llevara por 23 euros desde Gizeh a Darshur, Saqqara y Menfis y de vuelta en el hotel en El Cairo. Quedamos en que nos recogería en el parking junto a la esfinge cuando termináramos la excursión con la agencia.

Tras eso, el guía nos llevó a un punto de la meseta en el que se divisan las tres pirámides para poder hacernos las fotos. Allí había muchos camellos para haber montado. Pero de nuevo el guía nos metió el miedo en el cuerpo diciéndonos que ahí era muy peligroso montar en camello porque nos podían llevar al desierto y desvalijarnos o pedirnos un rescate por devolvernos a la zona de las pirámides. Así que decidimos que ya montaríamos en camello en otro lugar. La última parada en la visita al valle de Gizeh fue para ver la esfinge. Es realmente imponente. Parece que nos está vigilando. También aquí nos hicimos las pertinentes fotos.

Esfinge

Esfinge

Entonces llegó el momento de separarse del guía y empezar nuestra aventura por nuestra cuenta. Cuando se enteró el guía de lo que queríamos hacer -más que nada avisamos porque la excursión acababa en el hotel y no queríamos perder tiempo volviendo a El Cairo cuando lo que queríamos visitar estaba más próximo a Gizeh que a la capital- puso muy mala cara e intentó de nuevo asustarnos: que si nos iban a engañar, que la agencia no se responsabilizaría de lo que nos pudiera pasar… Pero estábamos decididos a irnos con el taxista.

Si no nos íbamos con él, tendríamos que hacer el resto de excursiones con la agencia. Y sólo la visita a Saqqara, Darshur y Menfis costaba 45 euros por persona, más del doble de lo que pagaríamos al taxista. Al prescindir del regreso al hotel, tuvimos que firmar un papel para que quedara por escrito que era cosa nuestra el abandonar el grupo.

Al llegar al parking, nos esperaba el taxista pero con un cambio de planes. Él no podría acompañarnos, sino que sería su amigo Mustafá, pero en su coche. Y es que nuestro primer taxista tenía un coche nuevecito con aire acondicionado, algo que no es muy habitual en El Cairo. Al principio desconfiamos de él, y por poco no nos arrepentimos y volvimos con el autobús. Mustafá también nos enseñó su libro con recomendaciones, y finalmente decidimos subirnos al taxi… ¡¡¡Que fuera lo que dios quisiera!!!

Nuestro primer destino iba a ser Darshur para ver la pirámide inclinada y la pirámide negra. Para llegar hasta allí, tuvimos que ir por carreteras de mala muerte. Entonces nos entró cierto miedo… ¿A dónde nos llevaba? ¿¿Y si iba a tener razón el guía y nos iban a saquear?? Cuando por fin vimos ante nuestros ojos las pirámides de Darshur, desapareció cualquier duda que pudiéramos tener.

Pirámide de Kefrén

Pirámide de Kefrén

Es más, al llegar a Darshur, Mustafá nos pidió un carné de estudiante, pero nosotros no lo somos, o un carné con una fotografía. Al principio no le entendíamos, pero al final mi marido decidió que le diéramos los carnés de la biblioteca porque pasaba de que le entregásemos el DNI. Nos pidió dinero para comprar las entradas y cuando volvió entendimos qué era lo que en realidad quería. Nos explicó que había dicho que éramos estudiantes y así había conseguido las entradas a precio más barato. ¡Qué tío más majo!

En Darshur apenas se veía un alma. Tan sólo había un par de vehículos más. Aunque ya habíamos entrado en Gizeh a una pirámide decidimos entrar también en la pirámide inclinada. Tras descender por un estrechísimo pasadizo llegamos al interior. Tampoco había nada. Pero lo bueno es que estábamos completamente solos. Y lo que es mejor, teníamos nuestras cámaras para inmortalizar el momento.

Dejamos Darshur y Mustafá nos llevó a nuestro siguiente punto en la ruta: Menfis, antigua capital del Egipto de los faraones. Apenas queda nada de aquel pasado grandioso. Actualmente Menfis es un pequeño pueblo al que únicamente le queda un pequeño museo. No entramos en él, porque el taxista nos dijo que no merecía la pena. Paseamos un poco por la ciudad e hicimos una foto al museo desde fuera para que quedara constancia de nuestro paso por Menfis. Como ya era la hora de comer, Mustafá nos llevó a un restaurante en medio de la carretera de camino a Saqqara que era nuestro siguiente destino.

Llegamos a Saqqara y volvimos a poner en práctica el truco del taxista. Él mismo nos dijo que si nos ponían pegas, que enseñáramos la entrada de Darshur. Y así hicimos. Volvimos a pasar con entrada de estudiante que cuesta la mitad que la normal, jejejeje

Pirámide de Saqqara

Pirámide de Saqqara

Hacía un calor tremendo, pero aún así deambulamos por el complejo funerario de Saqqara, que es un sitio con muchas tumbas y mastabas, además de la pirámide escalonada. En cierto modo, la zona nos recordaba al Valle de los Reyes por las tumbas que había y por su forma.
Después de Saqqara tocaba volver a El Cairo. Nos dejó a las 18.30 horas en el hotel Pyramisa que es donde nos alojábamos. En vista de lo bien que había ido todo, decidimos quedar con él para el día siguiente para ver El Cairo. Tras regatear duramente acordamos volver a vernos a las 8.30 horas. Había muchas cosas que ver.
Como era pronto todavía intentamos llegar al Bazar Khan El Khalil. Con mapa en mano, nos pareció que cerca había una parada de metro. Así que allá que fuimos. Nos bajamos en la parada quenos parecía más próxima y comenzamos a andar… Cada paso que avanzábamos veíamos menos turistas. Quisimos preguntar a alguien por cómo llegar, pero nadie sabía inglés y nadie entendía nada. Al mostrarles el mapa, como estaba escrito con letras occidentales, no conseguían entenderlo. Aún así, seguimos un poco más andando hasta que empezamos a mosquearnos… Y es que debíamos estar en una zona en la que los turistas no son frecuentes y todos nos miraban con caras raras. A mí, por ser una chica e ir muy destapada: con piratas y camiseta sin mangas, y a mi marido por ir también con pantalón corto… En vista de que era poco probable que llegáramos al bazar, dimos la vuelta y desanduvimos lo que habíamos andado hasta llegar de nuevo al metro para regresar al hotel.
Dentro de la pirámide de Darshur

Dentro de la pirámide de Darshur

Tras una duchita, decidimos salir de nuevo para cenar y fuimos dando un paseo hasta la zona centro, disfrutando de la vida nocturna de El Cairo. Por cierto, ¡es increible lo caótico que es el tráfico sea la hora que sea! Aún siendo ya de noche, había tal jaleo de coches y gente como si fuera hora punta. Nada más cena, volvimos al hotel porque al día siguiente también nos esperaba un día intenso.
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