Continuábamos con nuestro crucero por el río Nilo, y llegaba el último día, con una de las excursiones que más ganas teníamos y de la que tan buenas críticas habíamos oído: visitaríamos uno de los templos más bellos de Egipto: Abu Simbel. ¿Sería cierto lo que nos habían dicho o nos defraudaría este templo? La verdad es que fue uno de los sitios que más nos gustó de nuestro viaje por Egipto.

DÍA 5
Nuestro día comenzó a las 2.00 horas. Apenas habíamos dormido tres horas y ya teníamos que levantarnos para ir a Abu Simbel, que está muy cerca de la frontera con Sudán. Creo recordar que a unos 60 kilómetros. Solo esperábamos que de verdad mereciera la pena el madrugar tanto.

Para ir a ver los templos de Abu Simbel hay dos maneras. A nosotros nos entraba incluido en el precio del viaje ir en autobús. Te levantan tan pronto porque hay tres horas de viaje para ir y otras tres horas para volver. Además, vas por medio del desierto en caravana con otros autocares y escoltados por la policía que va armada.

La otra opción es ir en avión desde Asuán. El viaje es mucho más corto. A los que viajaron así les levantaron a las 5.00 horas. Aunque tengo entendido que pasaron un poco de miedo porque es en realidad no se vuela en avión, sino en una avioneta de mala muerte.

Si en tu viaje no está incluido, no puedes dejar de perderte esta excursión. Abu Simbel merece muchísimo la pena. Tendrás que valorar si prefieres pegarte el madrugón y pagar menos para ir en autocar o madrugar un poco menos, pero pagar como unos 100 euros más por persona por ir en avioneta. Otra opción que tienes de visitarlo es si haces un crucero por el lago Násser que la visita en ese caso está incluida también.

Egipto: Templo de Ramsés II en Abu Simbel

Templo de Ramsés II en Abu Simbel

Volvamos al viaje… Dado que el madrugón es considerable, el mismo guía nos aconsejó a todos que nos lleváramos las almohadas de la habitación para ir echando un sueño por el camino. Y así hicimos. Dicen que cuando es de día se pueden ver los famosos espejismos del desierto, pero como íbamos durmiendo tanto en la ida como en la vuelta no los vimos…

Llegamos a Abu Simbel sobre las 7.00 horas. Y nada más ver el Templo de Ramsés II, nos dimos cuenta de que en verdad había merecido la pena el madrugón. ¡Aquello es impresionante! Para nosotros fueron los templos más bonitos que vimos en el viaje. Se encuentran junto al lago Násser, en medio del desierto. Ya solo el escenario es como de película.

Se construyeron en el reinado de Ramsés II para dejar constancia a sus vecinos del sur de su inmenso poder. En realidad los templos no se ubican donde se construyeron en su momento. Cuando se construyó la presa de Asuán, tuvieron que trasladarlos porque si no, serían anegados por las aguas del Násser. Pero aun así no han perdido nada de su encanto.

Nada más llegar a Abu Simbel, te sorprenden cuatro colosos sedentes a las puertas del Templo de Ramsés II. Dentro se hace una alabanza continúa al faraón. Sus paredes están decoradas con dibujos que nos cuentan las hazañas bélicas de Ramsés II.

Egipto: Templo de Ramsés II de Abu Simbel

Egipto: Templo de Ramsés II de Abu Simbel

Al lado de este templo, está el de Hathor, que dedicó el faraón a su esposa Nefertari. En la puerta nos reciben cuatro estatuas, dos del faraón y otras dos de su mujer. Aún estando dedicado a Nefertari no faltan tampoco las alusiones a Ramsés II. Y no os cuento más para que vosotros mismos cuando vayais podais descubrir este precioso sitio.

Tras permanecer un par de horas en Abu Simbel, iniciamos el regreso a Asuán. Otras tres horas y pico de viaje que pasamos también medio dormidos.

Al llegar a la motonave, no podíamos echarnos una siestecita porque tocaba hacer las maletas y dejar el camarote despejado. Y es que el crucero tocaba a su fin. ¡Qué pena! Tras comer, como ya no teníamos donde quedarnos, decidimos dar una vuelta por Asuán y ver su mercado. Fuimos con los compañeros de mesa que teníamos en la motonave. En la visita al mercado aprovechamos para hacer algunas compras. Es agotador tener que estar regateando continuamente. Ya nos quedaban poquitas cosas que comprar porque durante todo el crucero habíamos ido cogiendo cosas… ¡Qué vicio esto de las compras!

Egipto: Templo de Hathor en Abu Simbel

Templo de Hathor en Abu Simbel

Tras las compras nuestros compañeros regresaron a la motonave. Aún nos quedaban algunas horas hasta que nos llevarán al aeropuerto a coger el avión que nos llevaría a El Cairo, por lo que intentamos llegar a la única iglesia que habíamos visto en todo el viaje. No porque fuéramos creyentes y quisiéramos rezar, sino porque nos parecía muy curioso encontrar una en un lugar tan musulmán como ese.

Eran casi las 17.00 horas y hacía un calor espantoso. Tras deambular durante un buen rato bajo un sol de justicia, decidimos dejar nuestra búsqueda y volver a la motonave donde había aire acondicionado, y esperar allí hasta la hora de volar.

Nuestro vuelo salía de Asuán a las 21.50 horas, pero salió con retraso y al final salimos poco antes de las 22.30 horas. Llegamos a El Cairo una hora y media después. Ya a esas horas estábamos que no podíamos más… Al llegar a la capital, lo que más nos sorprendió fue la vida tan intensa que había por la noche. Eran más de medianoche y las calles de la capital eran un hervidero de gente de todas las edades. Además, el tráfico era más caótico incluso de lo que nosotros habíamos imaginado.

Nos dejaron en el hotel cerca de la una y nos metimos en la cama… Al día siguiente había que volver a madrugar. A las 7.00 nos esperaban en la entrada del hotel para visitar las pirámides de Gizeh.

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