En nuestro segundo día en El Cairo visitaríamos el Barrio Copto, donde están los cristianos ortodoxos, la Ciudad de los Muertos, la Ciudadela y el Bazar El Khalili. También tendríamos oportunidad de descubrir los tesoros del Museo Egipcio.

DÍA 7

A la hora acordada, Mustafá estaba ya esperándonos junto al hotel. Para ese día, el precio que habíamos acordado fue de 25 euros (año 2009) para recorrer la ciudad de punta a punta.

El tour por la capital egipcia empezó en el Barrio Copto, para nosotros, junto con el bazar, de lo mejorcito de esta ciudad que no nos gustó demasiado que digamos. Y es que es una ciudad sucia -con muchísima contaminación y mucha basura por las calles- y caótica -el tráfico es imposible, peor que en Madrid, y ya es decir. Además, nos pareció una ciudad fea. De camino al Barrio Copto pasamos por la puerta de la mezquita de Ibn Tulum, una de las más grandes del mundo, pero Mustafá no paró. Nos dijo que no merecía la pena.

Iglesia de San Jorge

Iglesia de San Jorge

Pero el Barrio Copto es una zona que sorprende gratamente. Es como si viajaras a otro lugar distinto. Contrasta con el resto de El Cairo que es tan musulmán. En este barrio hay algunas iglesias cristianas, aunque no católicas, dignas de visitar como la de San Jorge o la Iglesia Colgante. También en este barrio se encuentra la sinagoga judía -aunque hay un cartel bien grande que dice que no se puede hacer fotos, a cambio de alguna monedita, hacen la vista gorda y te dejan sacar una fotillo de la sinagoga-. Bien merece la pena callejear por esta zona tranquilamente, disfrutando del ambiente que se respira.

Tras recorrer el Barrio Copto, volvimos hacia donde nos esperaba Mustafá con el taxi. La siguiente parada fue la Ciudad de los Muertos, es decir, el cementerio. La llaman la Ciudad de los Muertos porque entre tumbas viven cariotas. Suele ser gente muy pobre, sin recursos. Dentro del cementerio, están además, las tumbas de los mamelucos. Un hombre de allí, que sabía algo de español, nos hizo de guía entre las tumbas. Al acabar, le tuvimos que dar amablemente una pequeña propina.

De allí, Mustafá nos llevó a la Ciudadela, desde la que se podría contemplar una bonita panorámica de El Cairo, si no fuera por la cantidad de contaminación que cubre la capital. Dentro de la Ciudadela -donde no te dejan entrar con trípode, aunque si con cámara, cosa que no entiendo-, hay un par de museos y un par de mezquitas. La más bonita es la de Alabastro que recuerda enormemente la Mezquita Azul de Estambul.

Mezquita de Alabastro

Mezquita de Alabastro

Para visitar la Ciudadela, acordamos con Mustafá una hora y media. Al término de ese tiempo, estaba esperándonos como siempre. ¡Es increíble cómo es posible que esta gente se confíe de esa manera de los turistas! Si uno quisiera darle esquinazo, para no tener que pagarle, sería muy fácil.

Nuestra siguiente parada fue para ver la mezquita y madrasa de Ar Rifai y la mezquita de Sultán Hassan. Antes de entrar en Ar Rifai, tuvimos que esperar porque estaban en su momento de la oración. Es una mezquita muy curiosa porque no está techada. Al entrar al recinto, te sorprende el sol, y es que no tiene techo, salvo en la zona del mihrab que estaba bajo cubierto.

Después de tantas visitas, ya nos moríamos de hambre. Así que Mustafá nos llevó a un restaurante-buffet de los que están sobre el Nilo en una especie de barco. Los dos días nos llevó a los restaurantes que él quiso. Supongo que se llevaría una comisión por ello. No le dijimos nada porque tampoco conocíamos dónde podíamos comer que fuera de confianza.

Tras reponer fuerzas, nos dejó en el Museo Egipcio. Aquí acordamos vernos tres horas después. Nada más entrar, te obligan a dejar las cámaras en taquilla. A la entrada te abordan diversos guías para enseñarte el museo. Una vez más pusimos en marcha nuestro arte del regateo y por unos 20 euros (año 2009), un guía que hablaba español nos mostró los secretos del Museo. Es junto con el barrio copto, lo que más nos gustó de la capital.

Museo Egipcio

Museo Egipcio

En el Museo Egipcio está todo aquello que no pudimos ver cuando estuvimos en el Valle de los Reyes o en las pirámides de Gizeh. Se encuentran los tesoros que albergaban las tumbas de los faraones. Lo que más sorprende de todo esos tesoros es la sala dedicada a Tutankamon. ¡Es increíble la de cosas que se encontraron en su tumba! Su máscara funeraria, toda de oro y piedras preciosas es fabulosa, una auténtica joya. Dentro del museo hay otra sala dedicada a momias en diferente estado de conservación de faraones y de animales que también momificaban. Con las explicaciones de nuestro guía particular, resultó ser una visita muy educativa y productiva.

Al salir del museo, esperamos un poquito a Mustafá porque aún no era la hora acordada. Pero llegó puntualmente. Nuestra última parada fue el Bazar El Khalili. Ahí ya nos separaríamos de Mustafá. Nos hicimos las fotos correspondientes con él, firmamos en su libro y nos dio su tarjeta por si le recomendábamos a alguien.

Junto al bazar, hay una mezquita que según el taxista era muy bonita. Intentamos entrar, pero como llevaba pantalones piratas, con mi pañuelo para la cabeza, no me tapaba los tobillos. El tío que estaba en la puerta pretendía que me pusiera una tela que tienen ellos para esos casos, pero tenía unos colores un tanto sospechosos. Me dio tal asco que decidimos prescindir de visitar esa mezquita y nos fuimos para el bazar.

En Khan El Khalili

En Khan El Khalili

Estuvimos deambulando un rato buscando la tienda de Jordi -un egipcio que ha estado muchos años en Cataluña, de ahí que se haga llamar así y en cuya tienda no hay que regatear porque tiene precios cerrados más bajos que en las demás tiendas-. Como era imposible, preguntamos y nos llevaron hasta la tiendita. Estaba llena hasta los topes. Todos españoles que llegaban al comercio por la mejor publicidad que puede haber: el boca a boca.

Efectivamente no había que regatear y los precios estaban pero que muy bien. Compramos varias cositas y nos indignamos al ver otras que ya teníamos y que costaban la mitad de lo que nos costaron a nosotros. Había pergaminos muy baratos, cartuchos de plata a muy buen precio, y cualquier souvenir que se quisiera a un precio fantástico. Para dar fe de que estuvimos en la tienda de Jordi con el mismo Jordi en persona. Si alguien quiere llegar a su tienda, lo mejor es que pregunte en el bazar por él porque es complicadísimo llegar por uno mismo.

Tras las compras, buscamos un sitio donde cenar junto a El Khalili. Nos despedimos de El Cairo con un plato típico, un té y una shisha. Para volver al hotel cogimos un taxi. Al día siguiente tempranito, vinieron a buscarnos de la agencia para llevarnos al aeropuerto. Llegaba a su fin nuestro viaje.

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