Después de cuatro días intensos en Kioto, llegaba el último en la ciudad. Teníamos todavía muchas cosas por visitar como el Castillo Nijo, el Ginkaku-ji o Templo del Pabellón de Plata y recorrer el Paseo de la Filosofía. Al día siguiente, ya tomaríamos rumbo hacia Tokio, la última parada antes de regresar a España.

DÍA 10

Para empezar el día, iríamos a visitar el castillo Nijo. Aprovechando que teníamos activa la Japan Rail Pass, cogeríamos el tren desde la estación de Kioto hasta la parada del castillo.

Aunque llevábamos ya diez días en Japón, había cosas que seguían sorprendiéndonos del carácter de los japoneses, y eso que no era la primera vez, ni sería la última que nos pasaría algo semejante: Al preguntar a un hombre, dentro de la estación,  por el andén para ir al castillo, aunque el señor iba en otra dirección, no dudó en acompañarnos hasta el andén para que no nos perdiéramos. ¡¡Qué majos son los japoneses!!

Nijo-jo

El castillo de Nijo forma parte de los Monumentos Históricos de la antigua Kioto y está declarado Patrimonio de la Humanidad. Fue construido en 1603 como residencia oficial del primer sogún del clan Tokugawa. Es bastante ostentoso, pero es que al parecer, el sogún quería demostrar mayor poder que el emperador.

Castillo Nijo

Castillo Nijo

El interior del castillo se visita descalzo y no se pueden hacer fotos. ¡Una pena! Y aunque suelo hacer en muchos fotos de ‘estrangis’, aquí no fue posible por el silencio sepulcral que hay en su interior, que si disparaba la cámara se iba a oír todo.

Los paneles interiores son muy bonitos. Los suelos son de madera que crujen. Pensábamos que sería por la edad que tiene el castillo, pero al parecer son así porque el sogún quería protegerse y para ello puso ese tipo de suelos que suenan al pisarlos. También el castillo posee cámaras secretas desde las que los guardias personales del sogún podían vigilar. Tampoco hay que perderse los jardines del palacio que son muy bonitos.

No muy lejos del castillo se encuentra el Palacio Imperial de Kioto, pero nosotros no fuimos a verlo porque para visitarlo hay que pedir permiso previamente a la Agencia de la Casa Imperial. Solo dos días al año es posible entrar sin permiso. La fecha suele variar, pero aproximadamente suele ser la última semana de abril y a mediados de noviembre. El edificio actual es de 1855 y en él se celebran los actos de entronización de los emperadores de Japón.

Lo que sí se puede visitar sin permiso es el Parque de Palacio Imperial. Al parecer, es un parque muy bonito para verlo durante la floración de los cerezos. Nosotros dimos una pequeña vuelta y no nos detuvimos mucho, salvo para que Iris correteara un poco antes de volver a ponernos en ruta hacia nuestra siguiente parada del día.

Ginkaku-ji

Junto al parque cogimos el autobús 204 que nos llevaría hasta Ginkaku-ji o Templo del Pabellón de Plata, que se encuentra en la zona norte de Higashiyama. Este día no cogemos pase porque no vamos a hacer tres trayectos de autobús que es cuando compensa comprarlo. Para pagar el billete hay que hacerlo con el dinero exacto que se mete en una ranura. Si no se tiene suelto, hay máquinas dentro del autobús que te dan cambio.

Templo del Pabellón de Plata o Ginkaku-ji

Templo del Pabellón de Plata o Ginkaku-ji

Para llegar hasta Ginkaku-ji desde el autobús hay un buen tramo de escaleras. Nos alegramos de haber dejado el carro en el hotel y solo llevar el portabebés.

Este templo fue construido en 1482 como lugar de retiro y descanso del sogún Ashikaga Yoshimasa y se hizo un poco en imitación al Kinkaku-ji. Aquel estaba recubierto de oro, y en el caso de Ginkaku-ji se quería recubrir todo de plata, por eso el nombre se traduce como Templo del Pabellón de Plata. Sin embargo, nunca llegó a recubrirse de este metal. El sogún se convirtió en monje budista zen y a su muerte, Ginkaku-ji se convirtió en templo budista. Los jardines son de estilo zen.

Al salir del templo, ya era hora de comer y nos paramos en el primer restaurante a mano izquierda que nos encontramos nada más salir. Al ir con la peque, nos pusieron sin pedirlo un pequeño bol y un tenedor chiquito para ella, porque pensaron que la niña comería de nuestra comida, como así fue. Me gustó el detalle porque en España cuando comemos en un restaurante con ella, jamás le ponen plato y cubierto y siempre tenemos que estar pidiéndolo. ¡Ni que la niña se alimentara del aire!

Paseo de la Filosofía

Tras la comida, fuimos a recorrer el Paseo de la Filosofía. Dicen que es más bonito este paseo en primavera porque está todo florido, pero aún así nos gustó. Apenas nos encontramos con gente durante el camino y fue un momento de relax que la niña aprovechó para echarse la siesta en la mochila portabebé.

Paseo de la Filosofia

Paseo de la Filosofia

El Paseo de la Filosofía es un camino que discurre paralelo a un pequeño riachuelo, entre árboles de diferentes tipos, aunque destacan los cerezos. Tiene ese nombre por un filósofo que en el siglo XX caminaba por aquí ensimismado en sus pensamientos. El camino llega hasta Eikan-do, un templo fundado en el año 855, y tiene una pagoda desde las que hay, al parecer, buenas vistas de la ciudad. Dicen que es el lugar perfecto para ver el follaje otoñal porque sus hojas de arce se tiñen de rojo en esta época. Nosotros no fuimos a verlo pero era el principio de otoño, y hasta ya entrado en noviembre es difícil ver las hojas de ese color.

Nazen-ji

Al llegar a la altura del templo Nazen-ji dejamos el Paseo de la Filosofía para visitarlo, aunque solo lo visitamos por fuera, porque estaba cerrado. Pero aún así paseamos por el exterior que también merece la pena. En realidad tiene varios templitos pequeños, y está considerado como uno de los más bonitos de Kioto. La verdad es que a esas alturas de viaje, después de haber visto ya un montón de templos Kioto, llega un punto que todos te parecen más o menos igual de bonitos.

Se supone que se construyó como casa de retiro para el emperador en el siglo XIII, pero a su muerte se convirtió en templo zen en 1291. Los templos actuales datan del siglo XVII porque en la guerra civil fue parte destruido. Lo que llama la atención es su enorme puerta de entrada, el Sanmon. Es posible entrar dentro, y al parecer desde la segunda planta hay unas vistas fabulosas de la ciudad, pero estaba cerrado para subir.

Puerta Samnon de Nazen-ji

Puerta Sanmon de Nazen-ji

También tiene un bonito jardín zen conocido como el Jardín del Salto del Tigre. Dimos una vuelta tranquilamente por los exteriores del templo y nos topamos con un acueducto de color rojizo que lleva hasta una pequeña cascada en la parte alta de la colina y a la que se puede acceder andando.

Al salir del Nazen-ji continuamos andando hasta llegar de nuevo a Pontocho y a Gion. Queríamos despedirnos de uno de los barrios más emblemáticos de la ciudad y que más nos gustaron. También queríamos probar de nuevo suerte a ver si veíamos a alguna geisha más… Y sí, tuvimos suerte, aunque nuevamente no llevaba la cámara lista para empezar a disparar fotos :/ Primero vimos dos geishas subirse precipitadamente en un taxi, y poco después nos topamos con otra que iba caminando rápido hasta meterse en un local de Gion.

Habiendo ya cumplido con las expectativas, cogimos el autobús 207 junto al santuario Yasaka para dirigirnos a la estación de tren, donde nuevamente cenamos en el McDonald’s porque en aquel momento lo que mejor se comía la niña junto al arroz era las hamburguesas, y arroz ya había tomado al mediodía, por lo que tocaba cambiar 😉

Hanamikoji Dori en Gion

Hanamikoji Dori en Gion

Al igual que habíamos hecho en Osaka, que envíamos las maletas a Kioto, decidimos mandar las maletas por mensajería a Tokio y al llegar al hotel, lo solicitamos. Bien es cierto que esta vez íbamos directos a la capital, y no como la otra vez que antes de llegar a Kioto, pasamos por Hiroshima y Miyajima, pero nos había parecido tan cómodo el servicio que repetimos. Además, así al día siguiente no tendríamos que ir al hotel al llegar a Tokio para dejar las maletas y podríamos aprovechar para empezar a recorrer la ciudad. En los hoteles, está más que acostumbrados a gestionar esto de las maletas, así que hicimos el envío sin problemas.

Gastos del día

  • Entrada a Nijo-jo: 600 x 2 = 1.200 ¥
  • Bus hasta Ginkaku-ji: 230 x 2 = 460 ¥
  • Entrada a Ginkaku-ji: 500 x 2 = 1.000 ¥
  • Comida en restaurante junto a Ginkaku-ji: 1.700 ¥
  • Red Bull + Fanta Grape en una máquina: 210 + 130 ¥
  • Bus hasta estación de tren de Tokio: 230 x 2 = 460 ¥
  • Cena en McDonald’s: 2.010 ¥
  • Envío de 2 maletas a Tokio: 3.300 ¥

Precios en octubre de 2014

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