En el día más largo de nuestras vidas no podía faltar la emoción, la aventura y los imprevistos que surgen en cualquier viaje. Un día que comenzó muy pronto con la emoción de iniciar uno de los mejores viajes realizados hasta la fecha: un roadtrip por la costa oeste de Estados Unidos, pero en el que no faltaron la aventura y los imprevistos, como que casi perdemos nuestro vuelo de conexión en el aeropuerto de Charles de Gaulle de París y que sufrimos al llegar a California, en Los Ángeles, el peor atasco que hemos visto nunca.

DÍA 1

Nuestro primer día de viaje comienza como en otras muchas ocasiones con un madrugón de los buenos. Nuestro vuelo sale a las 7.05 horas de Barajas Madrid y tenemos que estar en el aeropuerto a las 5.00 horas… Como vivimos a 40 minutos y pensamos ir con nuestro coche hasta allí y dejarlo en el aparcamiento de larga estancia, tenemos que salir bastante pronto de casa. Cuando suena el despertador, aunque hemos dormido apenas 5 horas, nos levantamos con energía: Empieza el gran viaje del año y esta noche cuando nos acostemos, dormiremos en California.

Para llegar a Los Ángeles, nuestro vuelo que es con Air France hace escala en París, en el aeropuerto de Chales de Gaulle. Tenemos 1 hora y 20 minutos en París de escala. Suponemos que si la compañía vende el vuelo con tan corta escala es porque no habrá ningún problema. A la vuelta de Japón, también hicimos escala en este aeropuerto (en aquella ocasión con KLM que es del mismo grupo), y estuvimos 2 horas y nos dio tiempo a aburrirnos.

Pesadilla de escala en Charles de Gaulle

El primer vuelo Madrid – París transcurre sin incidentes. Nos dan incluso un croissant y un café…, algo a lo que no estamos habituados en vuelos tan cortos. Una de las azafatas, durante el vuelo, se nos acerca a explicarnos cómo hacer la escala… y además, nos da también una hoja donde mediante un esquema viene todo explicado.

Rumbo a California

Rumbo a California vía Charles de Gaulle

¡Qué raro! Es la primera vez que nos dan tantas explicaciones para hacer la escala. En ese momento empezamos a vislumbrar que no será una escala sencilla. Resulta que llegamos a una terminal y nuestro vuelo a Los Ángeles sale de otra bastante alejada (la más alejada de la de llegada). Pero según la hoja, el traslado de una terminal a otra llevará unos 30 minutos. ¡Puff! ¡Qué de tiempo!

Afortunadamente la salida del avión se hace bastante rápido. Comenzamos a andar, andar, andar, andar… Y no vemos el final de la terminal de tránsito, donde se supone tendremos que coger un bus que nos lleve a la siguiente. En el papel no tienen en cuenta a los que viajan con niños con pequeños. Al final, termino poniendo a la peque en la mochila para poder ir un poco más rápido. Lo de 30 minutos empieza a sonar a broma… Pero lo peor aún no había llegado.

Y es que con lo que no contábamos es con un control de pasarportes. No sé por qué había olvidado ese pequeño detalle. En Madrid no lo habíamos pasado porque nuestro vuelo se dirigía a Francia, espacio Schengen… pero claro, ahora salimos de la Unión Europea, y era normal que aquí sí que tuviéramos que pasarlo, pero lo había olvidado.

El control de pasaporte en la terminal de tránsito es un auténtico caos. Allí no hay colas ni nada. Es todo un mogollón de gente empujándose antes de llegar a la cola de verdad delante de los mostradores de la Policía. Ya solo desde que hemos bajado del avión hasta llegar allí ha pasado media hora. Según la hoja que nos dio la azafata, desde ese punto, el autobús tarda 10 minutos en llegar a la otra terminal… Entonces empezamos a pensar que tal vez no lleguemos a tiempo de montar en el otro avión.

Rumbo a California: esperando a coger nuestro coche de alquiler

Esperando a coger nuestro coche de alquiler

Por un momento nos acordamos de cuando hicimos escala en Bangkok para ir a Chiang Mai. Aquella vez también el control de pasaporte era un caos… Pero afortunadamente, la aerolínea nos esperó a nosotros y a otros cuantos pasajeros que estábamos atascados en el control de pasaporte… ¿Pasaría igual ahora? La verdad es que no nos apetecía comprobarlo. Si perdíamos la conexión, ya ese día no había más vuelos a Los Ángeles, y a saber si podrían meternos en el vuelo del día siguiente… ¡¡¡Pufff!! Había que llegar como fuera al avión.

Me acerco como puedo a una trabajadora del aeropuerto que está «controlando» la supuesta cola y le indico que tenemos que coger otro vuelo y que ya vamos muy pillados de tiempo. Se lo digo en francés, le muestro la niña que la llevo en la mochila, para ver si así se apiada de nosotros y nos cuela por la cola VIP. En esa cola hay solo dos o tres personas… Pero dice que todos los que estamos allí también tienen que coger otro vuelo y que esperemos como todos en la «cola». Pero aquello ni es cola ni es nada y lo peor es que avanza muy, muy lentamente.

El tiempo va pasando y seguimos atascados en el control de pasaportes, aunque ya estamos en la cola de verdad y no dentro del mogollón. Sin embargo, apenas hemos avanzado unos metros y quedan unos 40 minutos para que salga el vuelo a Los Ángeles. Entonces veo otro trabajador del aeropuerto que controla el acceso a la cola VIP. Me acerco a él, le muestro mi billete, la niña en la mochila y en francés le lloro también para que nos deje pasar. Este chico, al contrario que su compañera, se apiada de nosotros y nos cuela por la cola VIP. ¡Bien!

Rumbo a California: en el avión a Los Ángeles

Rumbo a California: en el avión a Los Ángeles

Pero todos los problemas no acaban ahí. Tras pasar el control de pasaporte, otra vez un mogollón de gente sin orden ni concierto espera para montar en los buses para ir a las diferentes terminales. No veo a ningún trabajador para seguir suplicándole, así que solo queda hacer uso de la mal llamada «picaresca» española: empezar a empujar y a colarnos vilmente. Lo siento por lo que están esperando pacientemente. Pero o hacemos eso o perdemos el puñetero vuelo.

Rumbo a California

Es tal nuestro nivel de estrés que nos da igual lo que diga la gente. De hecho, al pasar oigo a una pareja india que comenta que qué morro tenemos. Ni siquiera me paro a replicarles porque nuestro objetivo es llegar al bus como sea. Solo queda media hora y el bus tarda en pasar. A empujones logramos montar in extremis en el primer bus que se dirige a nuestra terminal. Ya en la terminal empezamos a correr como podemos con una niña pequeña en la mochila, y las maletas de mano para llegar al avión. Como no, la puerta de embarque es la última. ¡Qué odisea! Por suerte cuando llegamos, la puerta aún sigue abierta y eso que solo quedan 10 minutos para la hora de despegue.

El vuelo transcurre sin incidentes, viendo películas y durmiendo. Pasan una par de veces con comida y además, entre comida y comida, hay snacks como barritas de cereales o helados y agua y refrescos para tomar libremente.

Rumbo a California: comida en el avión

Rumbo a California: comida en el avión

Las largas esperas para coger el coche de alquiler

Al llegar a Los Ángeles, el trámite en Inmigración es bastante más rápido de lo que recordaba de otros viajes a Estados Unidos. Al ir con la niña, no tenemos ni que esperar la cola porque nos pasan por una ventanilla vacía. Apenas nos hacen preguntas, nos sellan el pasaporte y nos dejan ir.

Con las maletas en las manos, nos dirigimos a buscar la oficina de alquiler de coches Avis. Resulta que la oficina no está en el propio aeropuerto, sino que hay que coger unos buses gratuitos que hay en la salida. Pasa igual con todas las compañías. Al salir del aeropuerto, solo hay que seguir las indicaciones que ponen «Rental Car» y te lleva a la parada por donde pasan los autobuses de cada compañía. La de Avis tarda una eternidad en pasar, más de 20 minutos, mientras que de otras compañías, pasan con frecuencia. De hecho, vemos varios buses de Hertz y otras empresas pasar varias veces.

Rumbo a California: nuestro coche de alquiler

Nuestro coche de alquiler

Al llegar a Avis, la cola de gente para recoger su coche de alquiler es inmensa. Todo el tiempo que habíamos ganado en Inmigración, lo vamos a perder en la cola en Avis. Comenzamos a estar ya muy cansados de tantas esperas por todas partes. Dos horas después de haber bajado del avión, conseguimos el coche. Son las 15.00 horas en Los Ángeles.

Los atascos de Los Ángeles, California

Según nuestro GPS, para llegar a Santa Bárbara, que será nuestro primer destino, solo emplearemos algo menos de dos horas porque estamos a 160 km. Con un poco de suerte, podremos dar una vuelta por la ciudad antes de la cena. Con lo que no contábamos es con el tráfico infernal de Los Ángeles.

Nos habían dicho que en Los Ángeles hay unos atascos monumentales. Pero como no queríamos entrar en Los Ángeles, sino seguir hacia Santa Bárbara, creíamos que no nos afectarían. Además, nosotros estamos más que acostumbrados a los atascos, los sufrimos a diario en Madrid para ir a trabajar…  ¡Ríete tú de los atascos de la M-30 de Madrid en hora punta o de los atascos en plena operación salida de un puente! Aquello era un auténtico infierno. El coche apenas avanzaba. ¡Era desesperante! ¿Cómo pueden soportar aquello los que viven allí?

Rumbo a California: atascados en Los Ángeles

Atascados en Los Ángeles

Lo que se suponía que era un trayecto de menos de dos horas, se convirtió en un trayecto de cuatro horas. Y nosotros empezábamos a sufrir el cansancio de tan largo viaje desde Madrid. Llegamos a Santa Bárbara con la única intención de acostarnos. Eran las 19.00 horas. Cenamos algo rápido en un local enfrente del hotel y nos acostamos sin pensarlo dos veces. Ya veríamos Santa Bárbara al día siguiente. No podíamos más con nuestra alma. Habían pasado 30 horas desde que nos habíamos levantado en Madrid. De hecho, la peque se quedó dormida mientras cenábamos.

Gastos del día

  • Un par de donuts y una botella de agua en Barajas: 5,70 €
  • Motel en Santa Bárbara: 157,18 $
  • Cena en Denny’s: 30,20 $
  • Dulces y leche para el desayuno del día siguiente comprados en la gasolinera de enfrente: 9,76 $

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