Nuestro último día en Praga lo dedicamos a visitar una fábrica de cerveza (en la República Checa la cerveza es uno de sus productos estrellas), a subir a la torre Petrin, desde la que se tienen unas vistas impresionantes de la ciudad, pasear por la calle Nerudova, una de las más bonitas de la ciudad, y a recorrer Vyšehrad, el lugar dónde nació Praga, según cuenta la leyenda.


DÍAS 8 Y 9

Por segundo día, volvía a amanecer lloviendo sin parar. Al parecer no habíamos tenido suficiente lluvia durante nuestra visita al Barrio Judío, sino que para despedir el día volvíamos a «disfrutar» de un «precioso» día gris y lluvioso. Gus tenía muchas ganas de visitar una fábrica de cerveza checa (yo no tanto porque no me gusta la cerveza y ya hace unos años visité la de la Guinness en Dublín), así que le preguntamos a nuestra guía del primer día que dónde estaba la fábrica más próxima y esa era la fábrica de cerveza Staropromen.

Pero antes de ir a la fábrica nos pasamos por la plaza de la Ciudad Vieja para visitar la iglesia de Tyn que a pesar de haber pasado varias veces por allí, no habíamos tenido oportunidad aún de entrar. Se trata de una iglesia gótica, de mediados del siglo XIV, la más importante de la Ciudad Vieja. Había bastante gente para entrar y pasamos en fila india. Así que pocas fotos pudimos hacer. De allí ya fuimos hacia a coger el tranvía para ir a nuestra siguiente parada.

Fábrica de cerveza Staropromen

La fábrica de cerveza Staropromen se encuentra un poco lejos del centro y se pierde bastante tiempo en ir. En realidad lo que se visita de la fábrica es el centro de visitantes (y no la fábrica en sí), que es un espacio que han montado anejo a la fábrica en donde mediante una visita guiada que está disponible en inglés, alemán, checo y ruso, se ve una especie de museo que han montado en torno a la cerveza Staropromen.

Fábrica de Cerveza Staropromen
  • Ubicación: Pivovarska 9, Praha 5
  • Metro: Línea b, estación Andel
  • Tranvía: 7, 12, 14, 20, estación Na Knizeci
  • Horario: 10.00 a 18.00 horas
  • Entrada: 199 coronas con degustación incluída

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Te cuentan un poco de la historia de la marca, te explica con un vídeo cómo se hace la cerveza y unas maquetas, te muestran cómo es el embotellado y a dónde se distribuye. Y para terminar se puede degustar una de las cervezas que allí fabrican en una cervecería que han montado al salir de la visita guiada. En total la visita dura unos 50 minutos.

Actualmente es la segunda empresa cervecera de la República Checa. La primera cerveza Staropromen se fabricó en 1871. Tras la Primera Guerra Mundial vivió sus momentos de mayor bonanza. El nombre de Staropromen significa «Fuente Vieja».

La verdad es que incluso Gus que tenía muchas ganas de visitar la fábrica salió muy decepcionado de la misma. Siendo sinceros: no merece la pena perder el tiempo en visitarla, salvo que tengas mucho mucho interés en esta marca y que dispongas de tiempo suficiente. Pero si no tienes demasiado tiempo, la ciudad posee numerosos puntos de interés que visitar antes que acudir a la fábrica.

A lo tonto habíamos perdido medio día y ya era de comer. Antes de seguir con el planning de visitas paramos a comer en un KFC (ya es tradición en nuestros viajes, jejejeje) que estaba cerca de la estación de metro de donde estaba la fábrica. Tras la comida nos dirigimos a la torre Petrin.

Torre Petrin

Para llegar hasta la torre Petrin que está en el monte Petrin hay que coger el funicular en la calle Újezd. Las El precio del funicular es el de un billete sencillo de metro. Este funicular comenzó a funcionar en 1851, aunque al principio con unos motores de agua y a principios del siglo XX los cambiaron a unos eléctricos.

La Torre Petrin es uno de los mejores miradores de Praga. Esta torre se parece muchísimo a la Torre Eiffel de París, salvo que es más pequeña y solo tiene 60 metros de altura. Fue torre de observación y de transmisión, pero en la actualidad solo es una atracción turística más.

Torre Petrin
  • Ubicación: monte Petrin
  • Para llegar: Tranvía: líneas 6, 9, 12, 20, 22 y 91 y funicular en la calle Újezd
  • Entrada: 105 coronas (adultos)
  • Horario: de 10.00 a 22.00 horas (de abril a septiembre) de 10.00 a 20.00 horas (marzo y octubre) de 10.00 a 18.00 horas (de noviembre a febrero)

Cuenta con ascensor para personas discapacitadas. Nosotros subimos andando, yo con Iris en la mochila, y aunque se hizo un poco pesado, se puede subir bien sus escalones poco a poco hasta llegar al mirador que se encuentra a unos 200 metros de altura sobre el río Moldava. Si el día está soleado se podrán disfrutar de unas vistas impresionantes… En nuestro caso no fue así, porque seguía lloviendo a mares y las fotos salieron un tanto feuchas.

Calle Nerudova

Bajamos a Malà Strana (la Ciudad Pequeña) para dar un paseo bajo la lluvia por la calle Nerudova. Habíamos pasado muchas veces de refilón, pero aún no habíamos tenido ocasión de pasear por esta calle que es una de las más conocidas y visitadas de Praga.

Esta calle comienza en la plaza de Malá Strana y sube hasta el Castillo de Praga. Las dos veces que habíamos subido al Castillo quisimos luego bajar por esta calle para recorrerla pero al final siempre nos habíamos terminado confundiendo y bajando por otro lado. Así que ahora nos tocaba recorrerla cuesta arriba.

A pesar de que la calle es bastante empinada es un paseo agradable (si no está lloviendo como nos pasó a nosotros) y se hace llevadero porque te vas parando observando las casas señoriales con los símbolos que decoran las fachadas, que eran un sistema que se usaba antiguamente, antes de que numeraran los edificios, para identificar las viviendas y que normalmente tenía que ver con la profesión de los que habitaban en ella.

El nombre de la calle no se debe a Pablo Neruda, el escritor chileno, sino al escritor y periodista checo de finales del siglo XIX Jan Neruda, del que cogió el apellido el primero para usarlo inicialmente como seudónimo. Jan Neruda vivió precisamente en esta calle, en la casa conocida como la Casa de los Dos Soles, que se encuentra en la parte alta de la vía.

Esta calle está llena de casas señoriales porque en ella vivieron muchos nobles y burgueses. Además, formaba parte del llamado Camino Real, el que seguían los reyes hacia el castillo para la coronación. Ahora también en alguno de los edificios hay embajadas, como la de Italia o la de Rumanía. Entre las casas destaca la Casa de los Tres Violines (que dicen que perteneció a unos fabricantes de violines), la Casa de la Llave Dorada, o la Casa del Cisne Blanco.

Como seguía lloviendo y empezábamos a tener frío por la humedad, no ascendimos la calle Nerudova hasta el final, sino que decidimos meternos en una crepería (de la que salía un olorcito rico, rico) a tomarnos un café y unos crêpes para entrar en calor.

De allí pusimos rumbo hacia el centro de la Ciudad Nueva para ver el Antiguo Ayuntamiento.

Vyšehrad

Las últimas horas en Praga las dedicaríamos a visitar: Vyšehrad. Esta zona no es de las más visitadas en la ciudad. De hecho, nosotros paseamos por ella casi en soledad.

Según la leyenda, se trata de la zona más antigua de Praga, donde vivieron inicialmente los príncipes checos y de la legendaria reina Libusa. Vyšehrad fue fundada en el siglo X. En la actualidad es una de las zonas verdes más grandes de la ciudad y su acceso es gratuito. Está abierta durante todo el día. Al parecer, se puede contemplar uno de los atardeceres más bonitos sobre Praga… y digo al parecer, porque nosotros solo pudimos ver un atardecer gris. Eso sí, por suerte, había dejado de llover.

¿Qué se puede ver en Vyšehrad?
  • Fortaleza de Vyšehrad
  • Iglesia de San Pedro y San Pablo: iglesia gótica que debido a un incendio, fue reconstruida a finales del siglo XIX en estilo neogótico.
  • Rotonda románica de San Martín del siglo XI.
  • Parque Vyšehrad: Todo el interior de la fortaleza es una de las zonas verdes.
  • Cementerio de Vyšehrad: lugar de descanso de un gran número de personajes famosos.

Caminamos tranquilamente por Vyšehrad viendo los edificios por fuera porque a esas horas (serían cerca de las 19.00 horas), no estaba ninguno abierto. Por no estar abierto, ni siquiera estaban abiertos los bares que había allí. Tras el paseo regresamos al centro de Praga para buscar donde cenar y lo hicimos en un restaurante de la plaza de Wenceslao.

DÍA 9

Nos levantamos temprano para poner rumbo al aeropuerto. Nuestro avión salía a mediodía. El día que llegamos vimos que los autobuses directos al aeropuerto salen de la estación de tren. Así que decidimos que lo cogeríamos porque nuestro hotel estaba muy próximo. Llegamos a las 8.00 horas y en los horarios vimos que quedaban 5 minutos para que llegara el autobús. Pasaron esos 5 minutos, y 10, y 15, y 20, y 30 minutos… Y no venía el autobús. Y mientras tanto cada vez se agolpaba más y más gente con maletas en la parada… Cuando llegase el autobús, ¿podríamos entrar? Entre tanto, según el horario, no sólo había tenido que pasar un autobús, sino que eran dos los que tenían que haber pasado (ponía que su frecuencia de paso es de 30 minutos).

Seguía pasando el tiempo y el autobús seguía sin venir. Empezaba a entrarnos sudores fríos viendo que se aproximaba la hora límite en la que tendríamos que salir hacia el aeropuerto si queríamos llegar a tiempo para facturar y coger el avión. ¡¡Menos mal que fuimos con bastante tiempo a coger el autobús!! ¿Qué hacemos? ¿Seguimos esperando o cogemos un taxi? Pero el tráfico también estaba imposible y no pasaba ni un taxi… Cada vez estábamos más nerviosos y cuando ya pensábamos que no llegaríamos en hora al aeropuerto, el autobús hizo su aparición -con una hora de retraso-. Y ahí empezó la pelea por subir porque ni en broma entrábamos todos los que estábamos allí esperando. Fuimos hábiles y conseguimos entrar al autobús-lata de sardina, porque íbamos más apretados que en el metro en Madrid en hora punta.

El tráfico seguía estando bastante complicado y seguíamos pensando que no llegaríamos en hora al aeropuerto. No sé si porque el autobús iba lleno hasta la bandera o porque no suele hacer paradas, solo paró en una ocasión y siguió hacia el aeropuerto. Así que al final conseguimos llegar justo a tiempo antes de que cerraran el mostrador de facturación. Y así acabamos nuestro viaje en tierras praguenses.

Gastos del día

  • 2 billetes de metro de 30 minutos: 24 x 2 = 48 coronas
  • Entradas a la fábrica de cerveza: 199 x 2= 398 coronas
  • Comida en KFC: 491 coronas
  • Subida a la Torre Petrin: 105 x 2 = 210 coronas
  • Billetes funicular de 90 minutos: 32 x 2 = 64 coronas
  • 2 crêpes de chocolate: 190 coronas
  • Cena en plaza Wenceslao en Restaurante Cerny Baron: sopa de patatas en pan + pato al horno + ensalada césar + agua y cerveza = 696 coronas

(1 euro es aproximadamente igual a 25 coronas)

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