Cuando organizando las vacaciones vimos que coincidían con el Oktoberfest de Múnich, tuvimos muy claro cuál sería el destino de este año. Y por fin, había llegado el día en el que se inauguraba la fiesta de la cerveza por excelencia, aunque en la ciudad ya se respiraba un ambiente festivo.

DÍA 5

Tras desayunar pusimos rumbo hacia el Theresienwiese, el recinto donde se celebra la feria. Ya desde el hotel, no hacíamos más que encontrarnos con hombres y mujeres vestidos con el traje tradicional bávaro, y a medida que nos acercábamos a la zona, eran cada vez más los que iban de esa guisa vestidos.

Al bajar del tren, decicimos dejarnos dirigir por la marabunta de personas con los trajes bávaros para llegar a la zona donde se podía ver el gran desfile inaugural del Oktoberfest, cerca del Theresienwiese. Comenzaba a las 10.45 horas en Sonnestrasse, en el centro de Múnich, por lo que aún tardaría un rato en llegar a los alrededores del recinto ferial. Pero aun así, nosotros decidimos llegar un poco antes para coger sitio y ya estaba repleto de gente. El día había amanecido gris y seguro que con la suerte que tenemos, terminaría lloviendo…

Carro de cerveza

Carro de cerveza

Tras un buen rato esperando, comenzaron a llegar las carrozas de las compañías cerveceras tiradas por bonitos caballos engalanados para el gran día. Además de los cerveceros, también participaba en el desfile el alcalde de Múnich. Y para abrir paso a la comitiva, a lomos de un caballo iba la «Müncher Kindl», una mujer joven vestida con un traje de monje, que es el símbolo del escudo de armas de la ciudad.

Como era de esperar, al final empezó a llover tímidamente. Mucha gente empezó a marcharse, por lo que conseguimos situarnos en primera fila para ver bien el desfile. Por suerte, la lluvia no era intensa, y de vez en cuando dejaba de llover.

Müncher Kindl

Müncher Kindl

Cuando por fin acabó el desfile pusimos rumbo, al igual que el resto de espectadores, hacia el Theresienwiese. Justo entonces empezó a llover como si no lo hubiera hecho nunca… ¡¡Vaya manera de caer!! La gente se agolpaba para entrar en las casetas y nosotros no íbamos a ser menos… Pero al entrar en la primera que pudimos, vimos que allí teníamos poco qué hacer…

¡¡Estaba llena hasta la bandera!! Los camareros iban cargados de jarras de un litro de cerveza de un lado para otro. No había ni un hueco en el que sentarse… Pero claro, lloviendo como estaba, dado que era la hora ya de comer y puesto que era necesario hacer reserva, no había sitio por ninguna parte. Entonces descubrimos que si no estás sentado en una mesa, no hay una barra donde poder consumir una cerveza, ni comer nada… Dimos una vuelta por la caseta, haciendo fotos del ambiente y decidimos salir para ver si en otra caseta teníamos mayor suerte…

Interior caseta

Interior caseta

Pero las colas eran incluso más grande que cuando entramos en esa primera caseta. También seguía lloviendo a mares… Así que visto lo visto decidimos dejar el Oktoberfest para más tarde. Todavía nos quedaban cosas que visitar en Múnich, y seguro que sacábamos así mejor provecho al día si nos íbamos a otro lado. Además, así podríamos comer porque en el recinto ferial iba a ser imposible. Lo hicimos en un puesto de comida rápida de la estación de metro.

Con la tripa llena, nos dirigimos al Palacio de Nymphemburg, que está un poco alejado del centro. Se trata de la residencia de verano de la familia real Bávara. Para llegar hasta allí, existen dos opciones: el tranvía 17 o el autobús 51, dirección Schloss Nymphemburg. Nosotros fuimos en tranvía que lo cogimos en la Estación Central de Múnich.

Palacio de Nymphemburg

Palacio de Nymphemburg

Es de estilo barroco, construido entre los siglos XVIII y XIX. Dispone de unos bonitos jardines, pero como el día estaba lluvioso y fresquito, no los vimos. La verdad es que cuando has visto algún palacio que otro, pues todos son parecidos. Quizá por dentro es más vistoso que los palacios del Rey Loco. Entre las salas que se pueden visitar destaca, la habitación donde nació Luis II, el llamado Rey Loco, y la galería de bellezas, que tiene retratos de damas de la época… Se dice que entre esos retratos está la de una amante de uno de los reyes.

También destaca el Marstallmuseum, que se encuentra dentro del palacio y que es donde se exhiben carruajes reales y trineos. La verdad es que son muy bonitos, aunque algunos muy recargados. Asimismo en el Nympherburg se puede visitar la colección de cerámica, pero nosotros no pudimos porque estaba cerrada la sala por obras de mantenimiento.

Al salir, fuimos al centro de Múnich para ver la plaza Königsplatz, que es una plaza con tres edificios de estilo neoclásicos (uno dórico, otro jónico y otro corintio) que albergan algunos museos importantes de la ciudad: como la Gliptothek (que acoge una colección de esculturas griegas y romanas), el Propylaen y el Staatliche Antikensammlungen (la Colección Estatal de Antigüedades). La verdad es que es una plaza bastante bonita y majestuosa.

Esta plaza fue edificada en época de Luis I de Baviera y fue un punto de encuentro bastante importante en la época de los nazis porque en ella levantaron dos templetes en honor a los caídos en el Putsch de Múnich, pero que fueron demolidos por los estadounidenses al acabar la Segunda Guerra Mundial.

Königsplatz

Königsplatz

Nosotros solo nos dedicamos a hacer fotos de la plaza y no entramos en los museos porque no somos muy de museos y por la hora que ya era que estaban ya a punto de cerrar.

Otro lugar que nos quedaba por ver era el Olympiapark, la zona donde en 1972 se celebraron los Juegos Olímpicos de Múnich. De aquello ha quedado un gran parque que es el mayor pulmón verde de la ciudad. También queda en pie el Estadio Olímpico que hasta la construcción del Allianz Arena fue la sede del equipo de fútbol del Bayern de Múnich.

En este parque se alza la Olympiaturm, a la que se puede subir y contemplar, al parecer, unas bonitas vistas de la ciudad… Y digo al parecer, porque nosotros no subimos porque el día estaba gris y muy feo por lo que pensamos que sería un gasto tonto subir con esas condiciones.

Al lado de este parque están las instalaciones de BMW: la fábrica, una sala de exposiciones con coches de la marca y también un museo. Nosotros nos dimos solo una vuelta por la sala de exposiciones. Al parecer, es posible visitar la fábrica, pero tienes que ponerte en contacto con ellos porrque se hace mediante visita guiada concertada.

De allí, pusimos rumbo de nuevo al Oktoberfest para dar una vueltecilla y cenar por allí… Como intuíamos que sería imposible entrar en alguna carpa a cenar, y dado que en los puestecillos del exterior no venden cervezas, pasamos primero por un supermercado a comprar bebida. Ya con una cerveza y un refresco (yo no soy de cervezas, qué le vamos a hacer) en la mochila, nos dirigimos al recinto ferial.

Oktoberfest

Oktoberfest

Había más ambiente que por la mañana… Aunque eso sí… Ya había bastantes borrachos a esa hora. Tras da una vueltecilla, nos compramos unos bocatas de codillo en uno de los puestos que estaban la mar de ricos. Y para culminar, nos tomamos unos crêpes. Al terminar de cenar, regresamos al hotel.

Gastos del día 

  • Cerveza y refresco mezzo miz en tienda de estación central: 4,5 €
  • Agua grande en Olympiazentrum: 2,5 €
  • Imán en Marienplatz: 5 €
  • Cuatro cervezas y una fanta en supermercado de la calle que sale del Altes Rathaus: 5,5 €
  • Dos bocadillos de codillo en el Oktoberfest: 5 x2 = 10€
  • Dos bocadillos de salchichas en el Oktoberfest: 3,80 x 2 = 7,60 €
  • Dos ositos de recuerdo en el Oktoberfest: 5 x 2 = 10 €
  • Dos crêpes de chocolate en el Oktoberfest: 3,80 x 2 = 7,60 €

Total: 52,70 €

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