Como ya os contaba en otro post, para el «bautismo» viajero de Iris elegimos Barcelona. Aunque es una ciudad en la que había estado en otras tres ocasiones, siempre que voy, veo cosas que no había visto en otros viajes anteriores. Fuimos a Barcelona con nuestro coche y haciendo paradas frecuentes por la peque, por lo que a pesar de salir a primera hora de la mañana de Madrid llegamos a la Ciudad Condal hacia las cinco de la tarde.

DÍA 1

Tras dejar las maletas y el coche aparcado en el hotel Silken Sant Gervasi, salimos para redescubrir la ciudad. Con Iris en el fular portabebés ha resultado muy fácil conocer Barcelona. La verdad es que si no hubiera sido por el portabebés habría resultado muy complicado moverse por la ciudad. Y es que el primer obstáculo que nos pudimos encontrar estaba en los Ferrocarriles Catalanes.

Justo al lado del hotel hay una parada de Ferrocarriles Catalanes, que en cinco estaciones te deja en la Plaza de Cataluña. Pues resultó que la estación que está junto al hotel no está adaptada para ir con un carrito infantil o una silla de ruedas. ¡Menos mal que no llevábamos el coche de la niña!

Para montar en el tren, decidimos comprar un bono de 10 viajes que vale para montar en cualquier medio de transporte de Barcelona (trenes catalanes, trenes de cercanías, autobús y metro).

En diez minutos nos plantamos en Plaza de Cataluña con el fin de recorrer una de las arterias principales de Barcelona: la Rambla de Canaletas o más conocida como La Rambla (aunque hay más calles que también se llama Rambla).

Siempre que voy a Barcelona me gusta pasear por esta calle porque es un paseo muy agradable. Siempre está muy concurrido, sea la hora que sea. A lo largo de La Rambla hay multitud de puestos con flores, souvenirs y dulces… Y antiguamente (en mis viajes anteriores a la ciudad) también en La Rambla había muchos mimos.

Según leí en la prensa, hace poco más de dos años el Ayuntamiento de Barcelona decidió regular esta actividad, permitiendo solo la posibilidad de hacer su trabajo a una treintena de mimos con horarios determinados. El día que estuvimos paseando por La Rambla únicamente nos encontramos con dos mimos. ¡Es una pena! Porque la verdad es que recuerdo que daba un colorido especial a La Rambla.

Fuente de Canaletas

Fuente de Canaletas

En nuestro deambular tranquilamente por esta calle, lo primero que nos encontramos es la fuente de las Canaletas. Esta fuente es muy famosa porque en ella los culés celebran los trofeos de su equipo. Mira que he pasado ya veces por Las Ramblas y no me acordaba de que la fuente parece más pequeña en vivo que por la tele. Como siempre, suele estar bastante concurrida, con gente bebiendo de sus caños porque al parecer, si bebes, volverás a la ciudad. Nosotros no íbamos a ser menos y bebimos un poco para poder volver algún día a Barcelona.

Seguimos caminando y nos topamos con la Iglesia de Betlem, templo del siglo XVIII y uno de los pocos de estilo barroco de Barcelona. El interior, al parecer (nosotros no entramos), fue totalmente destruido en un incendio durante la Guerra Civil. Por suerte, el exterior se ha mantenido intacto.

En donde si entramos en el próximo Mercado de la Boquería. Me recordó al Mercado de San Miguel de Madrid. Muchos puestos, aunque lo que más había era turistas por todos lados haciendo fotos. Desde luego es un mercado muy fotogénico. Se trata de un mercado de 1840, uno de los más antiguos de la ciudad. Además de puestecillos dónde hacer la compra también es posible comer tapas. Pero nosotros no probamos nada porque no teníamos hambre.

Mercado de la Boquería

Mercado de la Boquería

Muy cerca, nos encontramos con el arte del escultor y pinto Joan Miró en forma de mosaico. En 1977 donó a la ciudad un mural que está en el suelo de La Rambla. Casi al lado se ubica el Teatro del Liceu, lo que sería el palacio de la ópera de Barcelona. Originariamente fue inaugurado en 1847, aunque el edificio actual fue reconstruido y ampliado tras el incendio que sufrió en 1994 que lo dejó en un estado de ruina.

En otros viajes anteriores siempre he entrado a tomar algo al Bosc de les fades y para no faltar a la tradición también en esta ocasión entramos a beber algo. De mis otros viajes lo recordaba como un bar que me gustaba mucho porque es muy original en su decoración, ya que imita a un bosque, con árboles, ramas, cascadas… No sé si por la perspectiva de los años, porque ya lo tengo muy visto o porque estaba medio vacío esta vez no me pareció tan espectacular. Está un poco escondido (y no me acordaba bien de cómo llegar), pero no tiene pérdida: se encuentra al lado del Museo de Cera de Barcelona, en un callejón. Eso sí, es un poquito caro, pero si no se ha estado nunca, como era el caso de Gustavo e Iris, merece la pena tomarse algo allí. 

Bosc de les fades

Bosc de les fades

Tras el descanso, seguimos andando por La Rambla hasta llegar a la estatua de Colón que es un mirador. La pena es que a esas horas estaba cerrado porque solo está abierto en horario de mañana. Detrás de Colón nos encontramos con el Port Vell (el puerto viejo) y La Rambla del Mar. El Port Vell es el puerto más antiguo de Barcelona, pues está en uso desde la época medieval. Por su parte La Rambla del Mar es una pasarela que se inauguró en 1994 y que une La Rambla con el centro comercial Maremagnum, el Aquarium y el Cine Imax.

Estatua de Colón

Estatua de Colón

Aquí en el Maremagnum dimos por concluido el primer paseo de la ciudad. Cenamos algo por los alrededores de Colón y de vuelta, recorrimos La Rambla en sentido contrario para volver sobre nuestros pasos hasta la Plaza de Cataluña a coger el tren de vuelta al hotel.

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