Casi recién llegados de nuestro viaje al Sudeste Asiático, comenzamos con los relatos de este viaje de 25 días por aquella zona… ¡Abróchense los cinturones que despegamos ya! Después de dos meses de preparativos llegaba el momento de pisar por primera vez Asia. ¿Nos gustaría tanto que nos engancharía como habíamos oído decir a todos los que habían estado en ese continente?

DÍA 0: 3 de agosto de 2011: Volareeeeeeee

Nuestro avión sale a las 17.25 horas de la Terminal 4, y aunque con estar allí sobre las 14.25 será suficiente, preferimos salir con tiempo de casa. ¡Mejor esperar en el aeropuerto que en casa! Además, esperamos poder facturar cuanto antes y poder escoger los asientos, a ser posible junto a pasillo, que hace unos años tuve una trombosis en una pierna y necesito poder andar con frecuencia por el avión.

Antes de facturar decidimos embalar las maletas (9 euros cada una)… ¡¡Craso error!! Una de ellas llegaría mediojodida por el embalaje por estar tan apretado, pero eso lo descubriríamos más tarde… De ahí al mostrador de facturación, que ya está abierto. Facturamos y nos dan las tarjetas de embarque del vuelo a Londres y las del de Bangkok con nuestros asientos junto a pasillo.

Como no podía ser menos volando con una aerolínea británica como British Airways, nuestro vuelo a Londres sale puntual. Por el camino nos dan un bocatín que de buena gana nos comemos porque desde que comimos en casa sobre las 12.30 horas no habíamos probado bocado.

Llegamos a Heathrow… ¡¡Menos mal que hemos cogido una escala con 3 horas y media!! Porque al llegar a Londres, aunque vamos por la terminal de tránsito, hay que volver a pasar por los pertinentes controles de maletas y pasaportes. Aún así nos sobra una hora y algo que aprovechamos para cenar algo que ya hay  hambre. Como todo tiene precios prohibitivos optamos por unos sándwiches, unas patatas fritas y unas coca-colas de un supermercado de la terminal de tránsito.

En el avión hacia el Sudeste Asiático

En el avión hacia el Sudeste Asiático

Finalmente llega el momento de embarcar. Esta vez volamos con Qantas, aunque nuestro billete es de British Airways. El avión es enorme, con filas de 3-4-3 asientos. Nos ha tocado en la parte de cuatro junto al pasillo. ¡Genial!

En esto que ya teníamos colocado nuestro equipaje de mano, cuando nos viene una azafata grandullona diciendo que esos sitios no son los nuestros. Y yo que si, que sí que lo son, mira nuestras tarjetas de embarque. Al enseñárselas, la tía me las quita y me muestra otras y me dice que esos cuatro asientos son de una madre y sus tres hijos, que tienen preferencia… Gustavo se negaba a moverse de allí porque teníamos buenos asientos y teníamos todo colocado… La azafata venga insistir que nos teníamos que mover a otros asientos…

Finalmente por no retrasar más la cosa, porque a lo tonto, ya iba el avión con un pequeño retraso de unos 20 minutos, cedí y nos movimos. Los nuevos asientos estaban junto a ventanilla, casi en la parte final del avión. Así que al señor que estaba en el pasillo le convencí para que él pasara a junto a la ventanilla y yo quedarme en el pasillo… Y ¡hala, a volar se ha dicho!

Exceptuando la azafata grandullona, el resto de personal es encantador. Además, los asientos son cómodos, cada  uno dispone de su pantallita individual para ver las películas que quieras (algunas bastante actuales), ver capítulos de series o jugar con alguno de los juegos que tiene.

Al poco de montar nos ponen de cenar……. Gus se pasa parte del viaje durmiendo. Mientras tanto, yo me entretengo viendo la película Paul, que es de las pocas que se pueden ver en español… Pero ¡en español de Latinoamérica! Echo alguna cabezadita breve que otra, me doy mis buenos paseos por el avión con el miedo de matarme (y es que después de la cena, apagan las luces y apenas se ve nada), juego a los bolos virtuales, me veo un pequeño documental sobre Bangkok…

Aparte de la cena, nos dan también unas galletillas, plátanos, zumos, caramelos durante el viaje… Y un par de horas antes de llegar a Bangkok, nos ponen el desayuno. ¡La verdad es que entre pitos y flautas las once horas de vuelo se pasan rápido!

DÍA 1: 4 de agosto de 2011: La asfixiante Bangkok

Aterrizamos como estaba previsto a las 15.30 horas. Lo primero que me sorprende de Bangkok es su enorme y moderno aeropuerto. Tras un pasillo que parece interminable de lo largo que es, llegamos a Inmigración, donde grandes colas de extranjeros esperan su turno en diferentes mostradores para entregar el papelito que hemos rellenado en el avión. Casi media hora más tarde es nuestro turno. Nos hacen la fotito de rigor, nos sellan el pasaporte, y a por las maletas.

Mientras espero, enciendo el móvil y veo que tengo varias llamadas: de mis padres y de un número que tiene pinta de ser de Tailandia. También recibo un mensaje de un móvil tailandés… ¡Ay que se me olvidaba! Reservé para esa primera noche una cena crucero por el río Chao Phraya, con una empresa que no te pide ningún pago por adelantado ni siquiera dar el número de tarjeta de crédito, pero que te pide que confirmes el día de la cena antes de las 16.00 horas de que sigue en pie. Aunque ya son las 16.00 horas pasadas, les envío corriendo un sms de confirmación de que si que vamos. A lo que me envían otro para contestar que pasarán a buscarnos por nuestro hotel a las 19.20 horas.

Antes de salir del aeropuerto cambiamos algo de dinero para llegar a la ciudad y para la cena de la noche. El cambio es peor que en la ciudad (1 € = 41,03 baths), así que es mejor no cambiar demasiado.

Cuando recogemos las maletas son casi las 17.00 horas. He leído que el tráfico es infernal en Bangkok, así que optamos por coger el Airlink que es un nuevo tren que lleva funcionando unos meses y que conecta el aeropuerto con el centro de la ciudad. Luego cogeremos el Metro. ¡Seguro que así llegaremos antes!

Bangkok

Bangkok

Como hay dos líneas: una express que no hace paradas y que enlaza con una línea de metro y otra que si que las hace, y enlaza con el Skytrain, en taquilla la chica nos pregunta a dónde vamos y nos indica que es el express el que tenemos que coger (aunque al principio no la entendí muy bien y es que me costó un poquito entender el inglés con acento tailandés). Una vigilante al ver nuestra cara de turistas novatos e indecisos, nos mostró el camino a seguir y nos llevó hasta el tren que teníamos que coger. ¡¡Qué amable!!

En media hora llegamos a Makkasan, donde tenemos que hacer nuestro trasbordo al Metro y es aquí donde descubrimos que esta ciudad no está adaptada para personas con movilidad reducida, con carritos o con pesadas maletas como las nuestras… Al salir del tren empezamos a seguir los carteles que indican hacia el metro. No hay ascensores que valga ni escaleras mecánicas… Y siguiendo los carteles llegamos a la calle y el clima tailandés nos da el primer bofetón de bienvenida… ¡¡¡Pero qué calor más axfisiante hace aquí!!! Yo que no suelo sudar, estoy chorreando…

¿Pero dónde está el Metro? En Madrid, los trasbordos se hacen sin salir de la estación… Pero aquí las cosas son de otra manera… Seguimos andando y andando, arrastrando las maletas por las calles como podemos, subiendo y bajando escalones enormes… ¿Por qué las aceras son tan altas? Y después de 15 minutos que se hicieron interminables llegamos a la estación de Metro.

Al llegar, parece que hemos vuelto al aeropuerto porque nos topamos con un arco detector de metales y un vigilante que nos pide abrir las maletas… Al abrir una de las maletas descubro que parte del líquido de las lentillas se ha derramado y que parte de un bote de champú también se ha derramado… ¡¡Qué bien!! El vigilante mira con lupa los líquidos que llevamos, en especial el Relec antimosquito… ¿Qué se pensará que es? ¿Una bomba? Tras explicarle lo que es, nos deja pasar… El Metro tampoco tiene escaleras mecánicas ni ascensor que valga… Pero ¡qué gustito entrar en el metro con su aire acondicionado a toda leche!

Nuestra parada es Lumpini. Al salir del Metro preguntamos por nuestra calle y nos indican amablemente. Tras mucho andar, volvemos a preguntar y nos indican que efectivamente esa es la calle y que vamos bien… Pero no vemos por ningún lado nuestro hotel… Si según el plano no está muy lejos… ¡¡Craso error!! ¡Los mapas en Bangkok son engañosos! No sé qué tipo de escala utilizan, pero las cosas nunca están tan cerca como aparece en el mapa.

Bangkok de noche

Bangkok de noche

Seguimos andando… Cada vez más cansados y más sudorosos… Tenemos el reloj en contra porque a lo tonto a lo tonto, son casi las 18.30 horas y en menos de una hora pasarán a recogernos los del crucero… Tras casi media hora andando (puede que en menos tiempo se pueda recorrer el trayecto Metro-hotel, pero con las maletas a cuestas, y la calle atestada de gente y llena de obstáculos como chiringuitos de comida o postes de la luz…, tardamos una barbaridad).

Nuestro hotel es el All Season Sathorn. Hacemos el check-in y corriendo a la habitación que nos tenemos que duchar y ponernos guapetes para ir a la cena-crucero que nos queda apenas media hora. A la hora acordada nos llaman para decirnos que se retrasarán 20 minutos por el tráfico. ¡Menos mal! ¡Porque aún no estábamos listos!

La cena crucero es con la empresa Loy Nava Dinner Cruises. Elegimos esta porque es de las más baratas y en el precio incluyen los traslados de ida y vuelta al hotel. Además si reservas con antelación por internet te hacen un 20% de descuento. Algo que está pero que muy bien porque este tipo de cenas no son nada baratas para estar en el país que estamos.

Cuando nos vienen a recoger ya ha anochecido. ¡Aquí anochece muy temprano! La cena consiste en varios platos de cocina tailandesa. Según los van trayendo nos explican que es lo que comemos… Algunos nos gustan, pero otros no tanto… Son como pequeñas tapitas, acompañadas con mucho arroz blanco. La cena es amenizada con música tradicional tailandesa mientras dos chicas bailan. Este crucero nos sirve además como primera toma de contacto con la ciudad pues vamos viendo los templos iluminados que están junto al río, algunos de los que veremos al día siguiente.

 

La cena dura unas dos horas. Ya de regreso al hotel, nos conectamos brevemente para decirles a las familias que estamos bien. Hay wifi gratis en la habitación. Y unas 35 horas después de habernos levantado en Madrid, caemos rendidos en la cama de Bangkok.

Gastos de los días 0 y 1:
  • Cena en Heathrow (2 sandwiches, 2 bolsas de patatas fritas, dos coca-colas): 7,58 libras esterlinas.
  • 2 billetes de Airlink: 180 baths.
  • 2 billetes de Metro a Lumpini: 44 baths
  • Hotel All Season Sathorn (este lo teníamos pagado por una oferta que pillamos al reservar): 19 euros la noche con desayuno incluido x 2= 38 euros.
  • Cena en Loy Nava para dos: 3.295 baths.

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