Seguimos recorriendo Milán y descubrimos el llamado cuadrilátero de oro, el Duomo por dentro, la Scala, el castillo de Sforzesco y el barrio de Brera.

DÍA 2
Siempre que vamos de viaje solemos madrugar para que nos cunda el día. Así que poco antes de las 9.00 horas ya estábamos en la calle tras habernos apretado un buen desayuno en el hotel. El día había amanecido y gris y caía una suave llovizna. ¡Vaya suerte la nuestra!

Nos dirigimos al metro y vamos hasta el cuadrilátero de oro. Andando no estaba muy lejos del hotel, como a unos 10 minutillos pero como llovía y aún era válido el billete del día anterior, cogimos el metro y nos bajamos en Montenapoleone. Al bajar seguía lloviendo un poco. Empezamos a deambular por la Via Montenapoleone que estaba justo en frente del metro. A esas horas todavía no había gente comprando, pero pudimos ver los escaparates relucientes de las tiendas de los diseñadores de moda: que si Jean Paul Gaultier, Dolce&Gabbana, Armani…

Tras recorrer toda esa calle, nos dirigimos andando al Teatro della Scala. Lo que más merece la pena es ver el escenario y el patio de butacas. ¡Es fascinante! También hay un pequeño museo con instrumentos, partituras y ropajes. Y aunque están prohibidas las fotos, con la cámara compacta hice una de estrangis.

Teatro della Scala

Teatro della Scala

De allí, atravesamos la Piazza della Scala y las Galerías Vittorio Emmanuele. En las galerías vimos que había mucho mogollón de gente siguiendo a un tipo muy alto. Entonces nos dimos cuenta de que ahí estaba el hombre más alto del mundo que estaba presentando el Libro Guinness de los Records 2010. Seguimos avanzando y nos dirigimos al Duomo. Intermitentemente seguía lloviznando.

Entrar en el Duomo es gratis. Al entrar hay un cartel que avisa que la gente no haga fotos, pero al entrar vimos que todo el mundo las hacía. Había una misa, y la parte central estaba cerrada a los turistas con una especie de biombos, pero se podía ver perfectamente por encima. Tras recorrer la catedral, salimos y nos dirigimos a las terrazas. Al salir, a la derecha está la entrada para subir andando, opción que finalmente hicimos. Son 200 y pico escalones y cuesta 5 euros. Al llegar arriba ya apenas llovía, pero había una especie de niebla que evitaba que viéramos unas buenas vistas desde ahí arriba. Pero aun así, nos gustó mucho poder andar por encima del Duomo y ver lo poquito que se podía ver.

De allí nos dirigimos al Castillo Sforzesco que alberga varios museos, entre ellos un museo egipcio. Nosotros no entramos en los museos. Tan solo dimos una vuelta por el recinto, que es gratis, y luego nos dirigimos al Parco Sempione. Afortunadamente ya no llovía, aunque sí que había una especie de neblina y apenas se podía ver el Arco de la Paz que está al otro lado del parque.

El Parco Sempione se veía muy bonito con su colorido otoñal. Cuando llegamos al arco, vimos que no era posible acceder a él porque estaba lleno de andamios. Como ya era cerca de las 13.00 horas, nos dimos la vuelta y decidimos ir al metro para ir a comer a los Navigli. Nos gustó mucho el día anterior y queríamos ver la zona de día.

 Castillo Sforzesco

Castillo Sforzesco

Y al montar en el metro sucedió el incidente más desagradable que nos ha pasado nunca en un viaje. Yo llevaba mi bolso de la cámara delante de mí, en bandolera. Montamos en la estación Cairoli. Nos teníamos que bajar en la siguiente para hacer trasbordo para ir a Porta Genova. Así que decidimos quedarnos de pie junto a la puerta. En esto que junto a nosotros entró una chica con pinta de ser rumana gitana. Mientras llegábamos a la otra estación, nos pusimos a mirar la guía para decidir que iríamos a ver tras la comida. En esto que noto que algo vibra. Yo pensaba que sería el móvil porque había cobertura en la red de metro y me eché la mano al bolsillo donde guardaba el móvil, pero estaba quieto. Mientras tanto, yo noté que la chica que estaba junto a nosotros olía fatal, como si hiciera una semana que no se duchaba. Entonces, mareada por el nauseabundo olor que desprendía, decidí dar un paso hacia atrás para separarme de ella y fue entonces cuando vi que tenía el bolso abierto y el monedero donde guardaba además la tarjeta de crédito y el DNI estaba a medio sacar.

Aprovechando que andaba despistada y cubierta con un abrigo encima de su brazo, había conseguido en cuestión de un par de minutos abrir el bolso y medio sacar el monedero para robarme. Entonces nos pusimos a gritar avisando a todos de lo que estaba sucediendo y llegamos a nuestra estación. La chica nos miraba con cara de no haber hecho nada y el resto del vagón como si fuéramos dos turistas locos. Afortunadamente su mal olor fue el que me salvó de que me robara.

Después del incidente llegamos a los Navigli y buscamos donde comer. Finalmente comimos de menú: 20 euritos cada uno por un primer plato de embutido, un segundo con risotto, un postre con tarta de chocolate y un café. Después de comer, pusimos rumbo hacia la iglesia de San Eustorgio.

Navigli

Navigli

Seguimos andando hacia San Lorenzo, una pequeña joya. Es una de las iglesias que más me gustaron. Es muy curiosa porque es redonda. Además, delante de la iglesia hay unas columnas de época romana, aunque no están en la ubicación dónde se encontraron. De ahí seguimos andando y llegamos a San Ambrosio, otra bonita iglesia.

Al salir de ahí, ya había anochecido. Ya apenas quedaban cosas que ver. A partir de ahí, comenzamos a deambular. Volvimos andando a la Piazza del Duomo. Como era todavía pronto para cenar, entramos a dar una vuelta por La Renascenza, un centro comercial muy chip junto al Duomo y las Galerías de Vittorio Emmanuele. Sería algo parecido al Corte Inglés pero mucho más pijo. Estaba hasta arriba de gente comprando.

Cuando salimos ya eran casi las 19.00 horas, así que decidimos ir a buscar donde cenar. Decidimos tirar para el barrio de Brera que es el barrio bohemio de la ciudad. Pasamos por la puerta de la pinacoteca de Brera, pero ya casi era la hora de cierre, por lo que nos pusimos a buscar donde cenar.  En una callecita peatonal junto a la pinacoteca cenamos en una pizzería.
Tras cenar, volvimos al hotel andando. Había un buen camino, pero entre que el billete de 24 horas ya no era válido y que nos apetecía andar para bajar la cena, decidimos hacer la vuelta a pie. Como eran ya pasadas las 21.00 horas, apenas había gente por la calle. Es increíble ver lo pronto que desaparece la vida de las calles en cuanto se sale de España.
Relatos de otros viajeros #postamigos

Calíope: DIARIO ESCAPADA A LA LOMBARDÍA, 2-6 diciembre 2011

Pin It on Pinterest